Sobre quién soy
Rescatando la respetabilidad de la Armónica
Soy Iván Coello Ángel y lo que para mí en mi niñez fue un juego, se convirtió después en mi profesión. Y es que, la armónica se muestra como un juguete o como un instrumento de acompañamiento cuando está hecha para más cosas y es un instrumento más complejo de lo que cualquiera se pueda imaginar.
Sin embargo, su menosprecio por parte de la sociedad por ser chiquita o por ser de bolsillo, hizo que se pierda la noción de que se puede hacer música tan bella como la de los violines o de los pianos en este instrumento de bolsillo y que se puede llevar a cualquier parte.
Soy periodista y columnista, y he dirigido medios de comunicación en tres países, Estados Unidos, Colombia y Ecuador. Nací en Ecuador, pero soy colombo ecuatoriano. Con raíces en Colombia y Ecuador, para mí estas naciones son una sola. Cuando el periodismo o la docencia no me han dado de que vivir, la armónica ha sido mi salvación, haciendo conciertos que me han dado más trayectoria que mi trabajo en la prensa, la radio y la televisión.
En algún momento, hasta he dado conciertos de rock con la armónica, y teniendo una apariencia conservadora me he tenido que transformar en todo un rockero extravagante para poder estar a la altura de bandas como la Rampa, Gaia Fatum, Iraka o A quemarropa. En cierta ocasión, después de haber tocado con una banda metálica, a los dos días me tocó interpretar para un ballet clásico en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, de Cali (Colombia), La Danza Ritual del Fuego de Manuel de Falla, la misma que se presentaba por primera vez en la historia en armónica para un evento de ballet. Las protagonistas de esta historia fueron las bailarinas del Ballet al Barrio, con coreografía de Luaider Trujillo.
Participé también como la primera armónica histórica en un Festival de Música del Pacífico Petróneo Álvarez, junto a Olga Angulo, cantaora negra, conocida como “La Flor del Pacífico”. También he sido artista invitado al Concierto Mundial contra la Pena de Muerte, de la organización San Egidio, y el Concierto por el Día Mundial de la Capa de Ozono.
Considero que, pese a que los músicos de armónica tenemos muchos secretos de interpretación, que son más bien mañas que hacen sonar muy bonito al instrumento, este aparato no se puede quedar en el anonimato porque corre el riesgo de convertirse en un instrumento en vías de extinción. Por eso doy clases y tengo cientos de discípulos regados por todo el mundo que ahora triunfan con la armónica.
A veces he sido motivo de consulta por parte de grandes artistas como el salsero Bobby Cruz, o he tenido como estudiantes, hasta personalidades de la farándula como la ex virreina de la belleza de Colombia, Consuelo Guzmán, o el Gato Batista, actor a quien le enseñe unas técnicas en una armónica que el tenía, de aquellas que se compran en cualquier esquina a un dólar.
Bueno también puedo confesar que la necesidad a veces me ha hecho dar estas clases, que me terminaron gustando y a la larga me perfeccionan en todos los géneros que mis estudiantes me piden. Tengo estudiantes como Doña Dora, una mujer mayor sin conocimientos musicales, quien no teniendo habilidades para este arte, terminó siendo mi estrella revelación en uno de los conciertos de música clásica navideña del Barrio San Antonio de Cali. Doña Dora, quien toma la armónica como una diversión y es una ama de casa dedicada, llegó a mi clase en la Biblioteca La María, de Cali y me dijo que sin conocimiento ella quería tocar, demostrando que no se necesita ser un docto en la materia para poder tocar bien.
Aquel concierto, se hizo con doce armonicistas de todas las edades, dicípulos míos, y cada instrumento cumplía la misma tarea de los instrumentos de una orquesta de música clásica. Previo a esto, yo tuve una banda llamada “Cali Armónicas Little Band”, con la que a punta de armónicas, hicimos unas interpretaciones complicadas de jazz y blues, en el Teatro Salamandra de Cali, “en suelo sagrado” como diría Diego Pombo, propietario del predio, quien tuvo en el mismo sitio tocando a su amigo David Guilmour, de Pink Floyd.
Mi técnica para enseñar es muy simplista, y en la primera clase mis estudiantes ya pueden sacar su primera canción. Eso fue lo que pasó con doña Dora quien perseveró y se convirtió en parte fundamental de algunos conciertos.
Yo, entre unos pocos músicos en el mundo, le estoy rescatando la respetabilidad a un instrumento que tiene escalas musicales, notas normales, octavas y todo lo que puede dar cualquier aparato musical. También es un instrumento solista del que se pueden sacar, sin acompañamiento de otros instrumentos, notas complejas.
Como parte de mi vida, puedo decir que soy simplista y complicado al mismo tiempo, y que a pesar de que toco la armónica como un divertimento, también para mí no deja de ser un reto profesional diario al lograr interpretar extensas sinfonías con unas técnicas polifónicas, que hacen de cada canción una orquestación completa. El desarrollo de estas técnicas me ha hecho un referente importante en el mundo de la armónica.
Toco con la técnica de Larry Adler, inspirador de mi padre, Nelson Coello Sinisterra, en su manera de interpretar la música clásica. Pero también tengo dos inspiradores fuertes del Blues: Sonny Boy Williamson y Big Mama Thorton. Admiro mucho a Sandra Vázquez de Argentina, mujer joven que a mi criterio es la mejor interprete femenina de armónica del mundo.
Sí, como ustedes lo escucharon, la música clásica se puede interpretar con este “juguetito” para algunos, y que para mí es un elemento que me ha dado dinero profesionalmente. Tengo montada desde, una de las pocas versiones de “La Danza Ritual del Fuego”, de Manuel de Falla hasta Rhapsody in Blue de George Gershwin. Pero también toco géneros populares, y hasta vallenatos colombianos.
Todos los días juego con el instrumento, a veces sin tocar nada especial. Sin embargo con el juego, descubro trucos nuevos, y nuevas formas de poder impresionar a mis oyentes y hasta a mí mismo. El asunto consiste en atreverse, imitar sonidos y ser valiente en el momento de querer presentarse con cosas nuevas.
Hace poco hice un concierto como artista de La Feria del Libro del Pacífico en Cali, junto al guitarrista clásico Oscar García. El concierto era España Sensible y tuvo una hora de música clásica española y algunas piezas flamencas que transformamos en jazz. Yo explicaba que la música española no se hizo para la armónica, ni la armónica se hizo para la música española, no obstante, la invasión entre si de cada uno de estos ámbitos dio como resultado una belleza extraordinaria, al punto de que una de las señoras que se me acercaron después del concierto, me dijo que había llorado con Recuerdos de la Alahambra de Tarrega.
Ustedes mis amigos y amigas también pueden aprender a tocar armónica divirtiéndose a través de este encuentro conmigo en la web.


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